Recortes en el agua

08 septiembre 2006

Informalidad y falta de profesionalidad

Todos tenemos el horario laboral establecido, y trabajamos mañana y tarde casi todos. Pero tenemos una vida personal, asuntos privados que tratar: presupuestos que nos hacen, el coche en el taller, el colegio de los niños...
Quienes trabajan al otro lado obligan normalmente a que tengas que atenderles por la mañana: reuniones de padres y madres, el cristalero que viene a casa a medir, recoger el coche, un mueble que nos traen a casa... Y siempre hay que pedir tiempo en el horario laboral para atender estas situaciones.
Ahora llega el problema: cuando son informales y no están a la hora que dijeron, así como esperar a que llegues para decirte que no puede ser ese día. No se puede andar pidiendo horas y días libres para nada, no pueden dejar sin terminar el asunto, para tener que volver a pedir otro día... Un aire acondicionado mal puesto supone tres días pedidos en el trabajo: uno para presupuestarlo, otro para ponerlo mal, otro para ponerlo bien. Si le sumamos que te vayan a poner escayola en el techo y te hagan destrozos, los albañiles tendrán que venir al día siguiente a arreglarlo: otros dos días...

En definitiva: la informalidad y la falta de profesionalidad nos repercuten haciendo que tengamos que gastar nuestros días libres y vacaciones en poner nuestros nervios a prueba. El correo te lo llevan por la mañana, si no estás hay que ir a recogerlo, la revisión de instalaciones de gas también aparece cuando abres la puerta diciendo que no estabas a las 12 de la mañana...
Hagámonos la vida más fácil cumpliendo los plazos y las fechas, y si no se pueden cumplir, digamos de primera una fecha real, seamos formales y respetemos el tiempo de los demás.

1 Comentarios:

Anonymous *P dice...

Ya hace tiempo que me decía mi padre que aquello del cuarto de hora de espera de cortesía, era en realidad el cuarto de hora de la descortesía hacia el que esperaba.

Pero siento que todo va en relación al respeto que cada uno siente por uno mismo y por consecuencia hacia los demás. Hacia tu trabajo, por la calidad del mismo, por mi responsabilidad respecto de mis actos y de las consecuencias evidentes; no las todas, sólo las evidentes. Si no tengo y estimo la calidad de persona que soy en mi totalidad, lejos, muy lejos estoy de entender y respetar al semejante. ... Que esto no sale bien, que llego una hartá de tarde... ¡Que se jodan! (y la inutil neurona sigue plácidamente vegetando)

2:17 p. m.  

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