Recortes en el agua

30 julio 2009

Abrazos

Como los besos, hay muy variados tipos de abrazo.

Hay abrazos sublimes, tiernos, duros, reconfortantes, de oso...y completos.
Cada persona abraza de diferente manera y además de lo apretados que sean, se pueden sentir únicos unos cuantos, porque es el sentimiento que te inunda, mientras recibes y das en un abrazo, lo que puede diferenciarlos.

Lo más bello es que una sola persona te pueda abrazar de muy diferentes formas, como deseas en cada momento y sienta tu abrazo como lo quiere en ese mismo instante, y sobre todo, cuando dos personas anhelan el mismo tipo de abrazo y se lo dan. Para eso no vale cualquiera, para ninguna de las dos cosas.

Un abrazo de amigo, un abrazo de amante, un abrazo familiar, un abrazo de colega, un abrazo de amor...son únicos y privados.

Pero un abrazo completo es exclusivo, y nadie que lo haya sentido lo puede obviar. En un abrazo completo uno quiere permanecer en un ahora interminable, mientras llueve, nieva, sudas, se adentra la noche, al sol de las doce.

Todos los abrazos son necesarios, pero es imprescindible tener a una persona con quien vivir lo efímero y lo eterno en un abrazo completo, con quien parar el tiempo en un abrazo completo.

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5 Comentarios:

Anonymous Anónimo dice...

GRACIAS POR COMPARTIR TUS ABRAZOS AMIGA. SIEMPRE QUE ESTO OCURRE
(QUE POR CIERTO YA HACE MUCHO TIEMPO) LOS SIENTO SINCEROS Y COMPLETOS. PERO LO MEJOR DE TODO ES QUE COMO TU BIEN DICES SON ÚNICOS Y EXCLUSIVOS.

BONITO ARTÍCULO.
ABRAZOS: F.C.G.

1:54 p. m.  
Anonymous Anónimo dice...

Caminábamos juntos por una estrecha y oscura callejuela apenas conocida para el resto de nuestros conciudadanos, cada uno absorto en sus propios pensamientos. Al pasar por una de las ventanas, profusamente decorada con un enrejado que recargado, casi barroco, un gato maullaba a nuestro paso advirtiéndonos que no debíamos penetrar en sus dominios, a la vez que se encorvaba en actitud desafiante.

Aún a pesar del tiempo que hacía que no pasaba por allí, recordaba vivamente la primera vez que pisé su adoquinado, y como a pesar de encontrase en pleno centro de la bulliciosa ciudad, apenas si llegaban los turbulentos ecos del ruido del tráfico, que tanto me molestaba. Apenas me adentré en sus entrañas, noté algo que me decía que de alguna forma yo estaba ligada a ese lugar, era una sensación de “Déjà vu” a la que no di la menor importancia.

Seguíamos caminando en paralelo sin decirnos nada, pero sabiendo que lo que acababa de ocurrir entre nosotros probablemente acabaría significando una traumática ruptura, pues ninguno de los dos estaba dispuesto a perdonarnos la sarta de barbaridades que nos habíamos dicho, por culpa de la rabia acumulada tras tantos momentos de tensión.

Volvía a recordar como tras una dura negociación conseguí hacerme con aquella casucha, que a la larga sabía que iba a convertirse en mi, nuestra, morada, y como luche por adaptarme a un ambiente en el que a los forasteros no se les recibía con el calor con que en esa ciudad hacen gala que se recibe a los extraños.

¿Como pude dejarme engañar?, ¿cuantas veces confié en el hombre que ahora camina a mi lado como un extraño?, ¿cómo pude abrirle la puerta de mi casa, darle las llaves de mi corazón y entregarle mi cuerpo?.

- Traición y desesperación - Eran las únicas palabras que retumbaban en mi mente.

Sin embargo, no podía dejar de recordar los gratos momentos, los tiernos abrazos, las húmedas lagrimas de emoción los dulces besos y las bellas palabras que nos habíamos susurrado ambos al auspicio del silencio que rodeaba esa estrecha callejuela.
Abrazos que ahora se me antojaban crueles como los de la serpiente que envuelve a su presa para asfixiarla. Lágrimas como las de un cocodrilo que engaña a su presa para conseguir su mortal propósito. Besos como el que Judas uso para delatar a Jesucristo en el huerto de Getsemaní.

Sonaron las campanas de la catedral, golpeando el bronce con un sonido que se filtraba a través de las esquinas. Las ocho en punto. Las ocho de un Agosto que podría ser el último de nuestra relación.

Nos miramos, recordando que a esa hora y precisamente al cobijo del tañido de las campanas de otra catedral, nos dimos nuestro primer beso, un beso trémulo, inexperto pero lleno de pasión, que recordaríamos el resto de nuestra existencia. Notre-Dame nos invitó a dejarnos llevar por la magia de una ciudad cuya luz había hecho prender la llama de nuestro amor.

En ese momento cuando se cruzaron nuestras miradas, una chispa que se estaba agotando como la de los rescoldos de una candela junto al mar, salto de mi corazón y prendio el fuego de mis labios que ardieron en deseo de unirse a los de él. Sus manos me tomaron por la cintura con esa suave y enérgica delicadeza que no notaba desde hacía meses, y por extraño que pareciese noté como su corazón latía henchido de agradecimiento por esa nueva oportunidad que sin saber como ni a donde me conduciría, la vida había hecho brotar entre nosotros.

Saludos, bella Dama!!!

3:36 p. m.  
Blogger rosa5169 dice...

Te mando un abrazo, sí, hace mucho tiempo, pero esta semana te sorprenderás. Besos.

10:41 p. m.  
Blogger rosa5169 dice...

Tu historia es hermosa, porque la vida en verdad os dio una nueva oportunidad sin serpientes ni cocodrilos ni Judas, seguro que aún existe!

10:47 p. m.  
Anonymous Anónimo dice...

Me alegro que te halla gustado mi relato de ficción.

Saludos, bella Dama!!!

11:45 p. m.  

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